Percepción de la perspectiva de género en la comunidad médica en las unidades de especialidades médicas de Tepic Nayarit.

Trabajo de Investigación ganador del 3er Lugar en el 1er Premio Nacional de Investigación en Derechos Humanos de la Mujer y Equidad de Género.

MSP. José Antonio Maya Alcántara.  M.C. Adolfo Romero Garibay. MSP. Salvador Madrigal Villegas.

Septiembre, 2014

 

Prólogo

 Poco se ha explorado a la comunidad médica en sus relaciones laborales y el quehacer cotidiano; aunque al paso de tiempo la figura del médico ha cambiado, aún mantiene la hegemonía en el saber curar; pero el grupo que conforma esta profesión también enferma y sus padecimientos en diversas ocasiones son producto del desgaste laboral y las relaciones de género existentes.

Esta investigación plantea la necesidad de lograr la transversalidad de la perspectiva de género, no solo en la atención médica, sino en las relaciones laborales de la comunidad médica, donde se encuentran inmersos la mayor parte del tiempo y donde las expresiones de desigualdad se hacen patentes y por supuesto impactan en el desarrollo de su labor.

El género es una categoría utilizada para analizar, representar y simbolizar las diferencias sexuales en una determinada sociedad; son las formas históricas y socioculturales en que mujeres y hombres construyen su identidad, interactúan y organizan su participación en la sociedad y la perspectiva de género se ha definido como una herramienta conceptual que busca mostrar que las diferencias entre mujeres y hombres se dan, más que por su determinación biológica, por las diferencias culturales asignadas a los seres humanos.

Esta investigación tuvo como fin el determinar cual es la percepción de la comunidad médica sobre la perspectiva de género, su situación laboral y su salud en las unidades de especialidades médicas pertenecientes a los Servicios de Salud de Nayarit de Tepic, Nayarit.

Es una necesidad en el quehacer institucional, lograr la transversalidad de perspectiva de género; las investigaciones deben incluirla y aprovechar la creatividad en conjunto con la ciencia de la más alta calidad, a efecto de lograr una prestación de servicios de salud, no solo asequibles y de calidad, sino con un interés de resolver la necesidad de acuerdo a cada género.

Los roles del hombre y la mujer y las desigualdades en las relaciones de género interactúan con otras variables sociales y económicas, lo que da lugar a que las pautas de exposición a los riesgos para la salud sean diferentes y no equitativas, así como a que existan diferencias en el acceso y la utilización de información, atención y servicios de salud.

El género de las personas y su papel en la sociedad provienen del significado que cada grupo social ha dado a ser mujer u hombre; ser mujer en la sociedad se ha traducido en una desventaja, ya que enfrentan segregación e inequidad a causa de prejuicios y estereotipos que se han perpetuado.

Al realizar una encuesta sobre la percepción de perspectiva de género en la comunidad médica se identificó que existe una marcada división sexual del trabajo, a pesar de que la mayor parte de los encuestados fueron graduados universitarios, es decir, el acceso a cargos gerenciales y las actividades relacionadas al cuidado del paciente o labores administrativas menores muestran distribuciones diferentes entre hombres y mujeres, no se diga en los quehaceres del hogar.

La discriminación laboral por cuestiones de género y el acoso sexual sigue presente en la institución de salud, el que no se tenga una instancia para realizar una queja, es un problema grave que debe ser atendido.

La condición de salud de la comunidad médica debe ser óptima para el buen desarrollo de la práctica médica, si a esto se le agrega la perspectiva de género en la vida laboral diaria, se manifestará en una consulta con la misma perspectiva; desafortunadamente, el acoso laboral y sexual hacia dentro de la institución existente, favorece a la aparición de enfermedad mental (ansiedad, depresión, baja autoestima, entre otros) en los trabajadores de salud.

Generalidades

 Si la perspectiva de género es uno de los objetivos del milenio (ODM), establecidos en el año 2000 ¿Porqué Emma Watson, nombrada recientemente embajadora de buena voluntad de la “ONU Mujeres” (Organización de Naciones Unidas dedicada a la igualdad de género y empoderamiento de las mujeres), solicita ayuda a la Asamblea General de las Naciones Unidas para lograr la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en 2014? En su discurso, Emma Watson menciona que no existe ningún país en el mundo que haya alcanzado por completo la igualdad de género, hace énfasis en que también es un problema de hombres y realiza una invitación formal para que los varones se involucren en la equidad de género, al parecer tema puesto en segundo plano por los gobiernos en el mundo1.

La Declaración Regional sobre las nuevas orientaciones de la APS (Montevideo, 2005) hace énfasis en la renovación integral de los sistemas de salud y la atención primaria de la salud (APS) como fuente principal de atención y cuidados sanitarios; los objetivos del milenio comparten valores y principios establecidos desde 1978 en Alma Ata y la APS, orientan el desarrollo económico y social, al tratar de reducir los intolerables desfases existentes entre las aspiraciones y la realidad tan desigual que se vive2.

Las reformas de la APS se estructuran en cuatro grupos que reflejan la convergencia de los valores de la atención primaria (equidad, solidaridad y justicia social), las expectativas de los ciudadanos y algunos retos comunes de naturaleza transversal para el desempeño de los sistemas de salud2; a saber:

  • Reformas en pro de la cobertura universal que garanticen que los sistemas de salud favorezcan la equidad sanitaria, la justicia social y el fin de la exclusión, dando prioridad al acceso universal y la protección social en salud.
  • Reformas de la prestación de servicios que reorganicen los servicios de salud en función de las necesidades y expectativas de la población, para hacerlos más pertinentes socialmente y más sensibles a los cambios que experimenta el mundo, y que propicien al mismo tiempo mejores resultados;
  • Reformas de las políticas públicas que mejoren la salud de las comunidades mediante la integración de las intervenciones de salud pública y la atención primaria, la aplicación de políticas públicas saludables en todos los sectores y el fortalecimiento de las intervenciones de salud pública trasnacionales.
  • Reformas de liderazgo que sustituyan la exagerada dependencia de los sistemas de mando y control, el “laissez-faire” (término francés que habla de la despolitización del Estado, para asegurar la libertad económica, política y social), un liderazgo integrador, participativo y dialogante capaz de afrontar la complejidad de los actuales sistemas de salud2.

El primer grupo de reformas tiene como fin reducir la exclusión y la desigualdad social en salud, incluyendo la disponibilidad, el acceso y la calidad de los servicios de salud; se hace evidente la carga financiera o el gasto de bolsillo de las personas, las barreras lingüisticas, culturales o de género, para lograr reducirlas y se garantice a todos el acceso a un servicio de salud2.

En el Informe de Salud en el mundo del año 2013, la Dra. Chan destaca el Objetivo del Milenio (ODM) N° 4, donde se pide reducir el número de defunciones de niños, de 12 millones en 1990 a menos de 4 millones para 2015, situación definitivamente ligada al género3; si bien ha habido mejora en este rubro, el logro es insuficiente, ya que persiste el infanticidio femenino, la violencia familiar, el escaso acceso a servicios de salud y educación para las mujeres, el embarazo en adolescentes, entre otros factores relacionados; se sabe por la experiencia de los países con ingresos altos, que la gran mayoría de las muertes de niños y niñas menores de 5 años podían prevenirse. A todo esto, la Dra. Chan se cuestiona como hacerlo en todas partes y basa su idea en hacer mayor uso de las intervenciones basadas en la comunidad y en la investigación rigurosa donde la creatividad sea aprovechada por la ciencia de la más alta calidad, a efecto de la prestación de servicios de salud asequibles, de calidad y la consecución de un mejor grado de salud para todos. Más aún, que este proceso sea una fuente de inspiración y motivación, que estimule la ambición de vencer los más grandes problemas de salud pública, entre ellos la inequidad de género3.

 Perspectiva de género como política pública de la OMS

 La incorporación de la perspectiva de género en la gerencia sanitaria, es una solicitud hecha a cada nación miembro de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 2000 a partir de la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, misma que compromete a los dirigentes mundiales a luchar contra la pobreza, el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, la degradación del medio ambiente y la discriminación contra la mujer, con fecha de cumplimiento al 20154,5.

Los roles del hombre y la mujer, así como las desigualdades en las relaciones de género interactúan con otras variables sociales y económicas, dando lugar a que las pautas de exposición a los riesgos para la salud sean diferentes y no equitativas. La política de OMS es velar porque todas las investigaciones, las políticas, los proyectos, los programas y las iniciativas en que ésta participe, incorporen las cuestiones de género, tal y como se afirma claramente en el marco de política del presupuesto por programas desde el año 2002. Ello contribuirá a aumentar la cobertura, la eficiencia y en última instancia el impacto de las intervenciones sanitarias tanto para la mujer como para el hombre y al mismo tiempo ayudará a alcanzar el objetivo más amplio de las Naciones Unidas, la justicia social6.

En el año 2009, la OMS en su informe “Las Mujeres y la Salud: los datos de hoy la Agenda de Mañana”, aborda a un tiempo sus necesidades sanitarias y su aportación a la salud de la sociedad. El enfoque abarca la totalidad de la vida, favorece una comprensión más profunda de la manera como las intervenciones en la niñez, la adolescencia, los años reproductivos y la vejez influyen en el estado de salud y su impacto en las generaciones futuras. Así mismo, pone de relieve la influencia recíproca de los determinantes biológicos y sociales de la salud de las mujeres y destaca la función de la desigualdad entre los sexos en el aumento de la exposición a los riesgos y la vulnerabilidad frente a estos, porque limita el acceso a la asistencia y la información sanitarias, por lo tanto repercute en los resultados sanitarios. Si bien el informe exhorta a prestar mayor atención a los problemas que afectan solo a las mujeres, como el cáncer cervicouterino y los riesgos de salud vinculados con el embarazo y el parto, también se aclara que sus necesidades van más allá de la esfera sexual y reproductiva7.

En este nuevo paradigma de enfocar la perspectiva de género y la salud comunitaria, se desarrolla la presente investigación.

Personaje clave en esta investigación es la mujer, la madre de familia, sobre quien recae la responsabilidad del desarrollo familar, sin embargo las condiciones y estilos de vida tradicional han cambiado, ya que la mujer en el mundo, en México y en Nayarit, ha salido de sus hogares para incorporarse a la vida laboral y modificar en forma sorprendente su orientación, al menos en su grupo o comunidad de mujeres trabajadoras y colaboradoras al ingreso familiar o madres solteras como responsables de familia. En este escenario se intenta introducir el enfoque de género en salud pública y en específico en la salud comunitaria.

Comunidad médica de los servicios de salud de Nayarit y perspectiva de género

 El discurso mundial para el 2015 se centra en la igualdad de género como un objetivo de desarrollo en sí mismo y esto debe ser central en el diálogo y el debate en relación con la escasez de personal sanitario8.

Lograr una perspectiva de género en el quehacer institucional es una de las metas de la OMS, incorporando no solo en la política pública esta visión, sino en la capacitación de lo que significa y su aplicación de la equidad e igualdad en todos los funcionarias y funcionarios públicos5.

Las instituciones gubernamentales deben incluir en su misión y visión una perspectiva de género que impacte al trabajador de la salud y que se traduzca en una vida comunitaria y laboral equitativa, así como una atención medica bajo esta perspectiva4.

Las mujeres han participado en el desarrollo de diversos sectores económicos del país (incluyendo a la institución de salud), a pesar de la invisibilización del trabajo doméstico no remunerado y de las desigualdades sociales, económicas y productivas que ha vivido; las mujeres han jugado un papel importante en la construcción de organizaciones con impacto social y económico, incorporándose al progreso y desarrollo del país9. Sin embargo el sistema completo de valores, comportamientos, estructuras conceptuales y mecanismos de acción de las mujeres, los ha recibido de su cultura, de su comunidad donde la dominación masculina es patente, donde se genera la división sexual del trabajo y por supuesto sus consecuencias en la salud.

La crítica hacia la mujer que permanece soltera, a causa de su inserción en la vida laboral, genera por parte de la sociedad señalamientos de fracaso, reproches, discriminación o acoso sexual; es difícil para la mujer soltera, independiente y productiva, ser sexualmente realizada y socialmente respetable, lo que condiciona a la afectación de su estado de salud10.

Para obtener la transversalidad de perspectiva de género en salud, se deben tener en cuenta a los integrantes de la comunidad médica, siendo ésta todo el personal de la salud que comparten infinidad de situaciones todos los días, al converger la visión propia con la visión institucional; en esta comunidad recae la responsabilidad de hacer manifiesta la perspectiva de género en las labores cotidianas, por lo tanto es necesario reconocerla, indagar en su historia y los grupos culturales diversos que la conforman. No existe solo una comunidad presente, si no muchas comunidades superpuestas que se deben de explorar y determinar sus relaciones y dinámicas11.

Es recomendable que la comunidad médica identifique, asimile y ponga en práctica la filosofía organizacional; si no se tiene contemplada la perspectiva de género en la misión institucional, el trabajador no esta obligado a revisarla y no podrá agregarla a su bagaje intelectual, mucho menos integrarla en su quehacer laboral4.

La ausencia de presupuesto para el desarrollo de programas estratégicos orientados al desarrollo integral y equitativo de las mujeres, dificultan todavía más el cumplimiento de la ley12.

Se puede entender a las desigualdades de género en salud como las ineficiencias de los sistemas que contribuyen a un adecuado y equitativo reclutamiento de personal, identificación de las causas de deserción y la mala distribución del personal de salud como fuerza de trabajo formal8.

Para determinar si existen estructuras patriarcales dominantes que afecten la situación de mujeres y hombres dentro de las unidades médicas de los servicios de salud de Nayarit (SSN), es necesario reconocer si en la misión y visión esta incorporada la perspectiva de género y como los miembros de la comunidad médica pueden adoptarla en su quehacer laboral, para favorecer así a un clima laboral con perspectiva de género4.

Las unidades médicas que conforman los SSN, han creado su propio ambiente de trabajo y situación laboral con normas, valores, tipos de personas que contrata, historia de conflictos internos, externos, procesos laborales y de liderazgo establecidos años atrás, los cuales se transmiten a los nuevos miembros de la organización de manera cíclica. El cómo la comunidad médica percibe a la organización, influye en las actitudes y comportamientos de ésta. La gerencia debe generar un ambiente que objetivamente llene las condiciones para que todos los miembros de la comunidad médica sientan satisfacción de sus necesidades y expectativas de realización de manera equitativa, sin discriminación, logrando entonces un completo estado de bienestar y como resultado motivar a la base trabajadora al cumplimiento de los objetivos institucionales13.

A pesar de la creciente participación de las mujeres en las actividades económicas, nuestro modelo laboral ha dado origen a que las mujeres encaren situaciones de desigualdad, como menor acceso al trabajo remunerado, a la propiedad de las empresas, a los cargos directivos en las organizaciones, a enfrentar discriminación salarial, además de sobrellevar una mayor carga del trabajo doméstico8,14.

El nombramiento por primera vez de una mujer médico como Secretaria de Salud en Nayarit, en el 2011, rompe el “techo de cristal” en esta institución, sin embargo su gestión no impacta en un cambio de visión de perspectiva de género en la comunidad médica o en la atención a la salud y a un año del mismo es sustituida por un nuevo Secretario con el argumento de incapacidad administrativa, dejando nuevamente a la mujer en situación de desventaja en el acceso a cargos de la alta gerencia en salud4.

Al desconocer las condiciones generales en que se encuentran las mujeres y hombres en las unidades médicas de los SSN, así como el lugar que han ocupado dentro de la estructura organizacional, nivel de responsabilidad, salario, elementos de discriminación, desigualdad, ambiente y salud, demuestran un rezago en este tema tan importante hoy en el estado de Nayarit15.

El mercado laboral se mantiene estructurado sobre una división sexual del trabajo, es decir, un reparto en las funciones de mujeres y hombres que refuerza los roles de género y limita su desempeño8.

La división sexual del trabajo no favorece a las mujeres. Para ellas, incorporarse a la vida económica es un hecho condicionado por factores como el estado conyugal, tener a su cuidado niñas o niños, personas adultas mayores, personas enfermas y personas con discapacidad en el hogar, que les impide compaginar un trabajo remunerado con los deberes familiares que les son asignados culturalmente, o bien, a obligarse a ejercer su carrera profesional de manera interrumpida o aceptar empleos de menor calidad8,14,16.

En diversas instituciones públicas y privadas, las concepciones sobre los roles de mujeres y hombres se incorporan de manera “natural”, ya que se asocia a las personas (dependiendo de su sexo) con determinadas características, cualidades y actividades17; por ejemplo en el Hospital Civil de Tepic, la plantilla general muestra una relación mujer – hombre de 1.4 a 1, donde las mujeres ocupan en su mayoría las áreas de enfermería, odontología, apoyo administrativo y servicios generales, roles conferidos de manera tradicional18. El desequilibrio que han originado estos estereotipos y roles de género puede y debe modificarse mediante nuevas maneras de relacionarnos entre mujeres y hombres14.

Pese a que La Ley de Igualdad de las mujeres y los hombres en Nayarit, fue publicada en el Periódico Oficial, el 23 de abril del año 2011, poco se ha hecho para lograr una participación equitativa entre hombres y mujeres en las diferentes dependencias de gobierno4.

Existe un desconocimiento y falta de difusión de los derechos laborales de las mujeres en las organizaciones gubernamentales en Nayarit; se han identificado prácticas inequitativas y discriminatorias en el ámbito laboral basadas en el sexo, por ejemplo los despidos injustificados por razones de embarazo19.

Las condiciones de trabajo establecidas en el marco normativo y las diferencias salariales entre el género, tienden a ser inferiores para las mujeres por el desempeño de un mismo trabajo realizado por lo varones, sin mencionar la falta de oportunidad de acceso al trabajo de las mujeres con capacidades diferentes10. Aún en países desarrollados, los casos en que las mujeres llevan a cabo trabajo igual o de igual valor, éstas reciben en promedio 8.3 por ciento de ingreso menor que los varones. De hecho, hay actividades laborales en las que las mujeres ganan hasta 40 por ciento menos que los hombres por realizar el mismo trabajo15,17.

En el trabajo cotidiano en salud se pueden develar en su interior la discriminación y las brechas de género presentes en la comunidad médica. Cuando éstas se manifiestan, se evidencian mecanismos que entorpecen la misión de la atención, educación y proyección social de la instancia prestadora del servicio de salud e impide el desarrollo personal dentro de la propia comunidad, se afectan el alcance de metas y objetivos, el goce de los derechos tanto de las personas usuarias, como de las personas prestadoras de servicios20.

El trabajo de la comunidad médica especialmente es demandante y de alta competitividad, tanto ellos como sus familias están sujetos a diversas exigencias económicas y sociales. Esta comunidad constituye una población estratégica para el país, pues proveen un servicio importante y son agentes directos de cambios sociales y culturales, que en términos de salud pública, son parte del sistema operativo que permite llevar a la práctica las acciones propuestas en las políticas públicas21.

Cuando las condiciones laborales en la comunidad médica se tornan inequitativas, se afectan el estilo de vida, la relación familiar y la salud somática y mental16, 17,22-25.

 Salud, enfermedad y perspectiva de género

La OMS, desde 1996, estableció que la violencia es una prioridad de salud pública y realiza recomendaciones para prevenirla en grupos vulnerables, principalmente mujeres, niñas e incluye la violencia laboral; el sufrir discriminación tiene consecuencias negativas para la salud, teniendo una proporción significativa en la población femenina (mas del 20% en la mayoría de los países). Una mujer maltratada tiene cinco veces más probabilidad de suicidarse, experimentar depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático, fatiga crónica, insomnio, trastornos alimentarios y abuso en la ingesta de alcohol o medicación para la ansiedad y depresión. La discriminación laboral favorece a una disminución del potencial personal, bajo rendimiento y menor aporte social26.

La discriminación de género y las desigualdades sistémicas en el servicio de salud, educación y en el sistema de empleo favorecen a la ineficiencia de los sistemas e impiden el desarrollo de una fuerza de trabajo sólida y necesaria para responder a las necesidades de atención médica8.

Las relaciones de género entre hombres y mujeres influyen considerablemente en su salud. Es un hecho que existen diferencias en el perfil de salud de hombres y mujeres, independientemente de como se defina el estado de salud. En general las mujeres tienen mayor esperanza de vida que los hombres, pero la probabilidad de sufrir enfermedades no mortales agudas y crónicas se eleva significativamente en ellas. El aumento de la tasa de morbilidad femenina está relacionada por supuesto con su longevidad, pero también asociada a la combinación de características socio-estructurales, psicosociales, biológicas y condiciones de desigualdad en que ellas se desarrollan27,28.

El nivel socioeconómico de las personas tiene gran impacto sobre el estado de bienestar; en comparación con los hombres, el menor perfil socioeconómico de las mujeres impone mayores límites en su acceso a los recursos relacionados con la salud27,28. Las desigualdades de género en los ingresos individuales contribuyen en gran medida a la salud de las mujeres más pobres y modifica el acceso al mercado de trabajo, incluso el grado de independencia y poder dentro del hogar28.

El nivel socioeconómico bajo o la falta de empleo bien remunerado se asocia a daños a la salud, aumenta el estrés, la depresión, disminuye el autocontrol y la autoestima, por lo que no es sorprendente que las mujeres reporten mayores eventos de estrés y sus consecuencias asociadas de manera crónica, además de niveles más bajos de autoestima y control personal27,29,30.

La seguridad y salud laboral para las mujeres trabajadoras constituyen un derecho fundamental adoptado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la asamblea general de la ONU desde 1948. La Convención de 1979 sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres, recoge explícitamente el derecho de las mujeres a tener unas buenas condiciones de seguridad y salud laboral en el puesto de trabajo. La organización internacional del trabajo (OIT) ha publicado recomendaciones en favor de la igualdad de oportunidades y de trato a los trabajadores y las trabajadoras en la ocupación, a favor de la protección integral de la salud de las mujeres y hombres contra los riesgos inherentes a su profesión, incluyendo el acoso sexual como conducta discriminatoria. El derecho a la salud de las mujeres trabajadoras no se reduce únicamente a los aspectos reproductivos, si no a protección integral de las condiciones y ambiente de trabajo de las mujeres, para evitar consecuencias físicas y psicológicas que se pudieran presentar sobre la salud, al presentarse un ambiente laboral discriminatorio30; sin embargo la posición de las mujeres en el medio laboral tiende a ser diferente a la de los hombres, la contratación, funciones y salario no siempre es la misma para ambos géneros, las mujeres en general son contratadas para desempeñar labores cotidianas, monótonas, con menor salario, menos oportunidades de participar en la planificación de su propio trabajo y poca expectativa de crecimiento profesional, lo que puede conllevar a diferentes fuentes de estrés, si a esto se le agrega una carga de trabajo mayor para ellas al tener que compatibilizar trabajo, carga familiar y acoso sexual más frecuente, signos y síntomas como insomnio, pesadillas, cefalea, náuseas y falta de motivación se les han asociado22,26,30.

Las mujeres realizan 52 por ciento de las horas trabajadas en el mundo, pero sólo es pagado un tercio de estas horas. Las mujeres siguen siendo el sector más afectado por la pobreza, la violencia, la degradación ambiental, la discriminación laboral y las enfermedades23,24.

Las situaciones laborales que son crónicamente insatisfactorias comprometen la salud mental, manifestándose como estrés, síndrome de “burn-out”, cansancio emocional, despersonalización y falta de realización personal. Las mujeres es el grupo poblacional más vulnerable en la comunidad médica21,26. Las desigualdades de género pueden ser visto como obstáculos sociales que impiden la equidad en materia de salud entre las mujeres y los hombres, por lo que es un tema importante para la investigación en salud pública17, además de que pueden tener una repercusión en la economía nacional, como lo reportado en los Estados Unidos de Norte América, donde las consecuencias en salud mental de un trabajo profesional deficientemente organizado, causa un gasto equivalente al 3% de su producto interno bruto21.

Los desequilibrios de género del personal sanitario son un gran desafío para los formuladores de políticas de salud8. Lograr la transversalidad de perspectiva de género es lograr establecer en el mismo nivel de atención a la desigualdad y la segregación de género. Identificar los efectos a la salud en hombres y mujeres expuestos a diferentes ocupaciones (segregación horizontal) o posiciones jerárquicas (segregación vertical) en el mercado laboral, permitirá disminuir la morbilidad muchas veces no reconocida en ellos17.

Planteamiento del problema

 En México la salud pública debiera ser el componente fundamental de la política social seguida por el Estado; las necesidades sociales y de salud en la población mexicana no se han resuelto del todo y para construir el México actual expuesto en el discurso, es imperante tomar en cuenta el vínculo indisociable de la salud y el desarrollo económico.

La política es el propósito y acción de un gobierno, expresada en políticas públicas y programas gubernamentales, que surgen al reconocer situaciones socialmente problemáticas, la creación de estas depende de la postura filosófica, social e ideológica del grupo que gobierna y cabe mencionar que no son un fin, si no un medio para resolver.

En el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, se encuentra plasmada la política nacional en materia de igualdad entre mujeres y hombres, donde la perspectiva de género constituye una de las tres estrategias transversales para todas las acciones de gobierno y las políticas públicas de este sexenio.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), reportó que en el año 2012, el 52.3% de la población en general presentaban pobreza multidimensional, el 19.7% estaba situado en pobreza alimentaria y el 28% se ubicaba en pobreza de capacidades; en este contexto económico se integran los trabajadores del Sistema Nacional de Salud mexicano; hay quien tiene un salario digno y quien no lo tiene.

La comunidad médica (todos los que participan en el proceso de atención médica: enfermeras, trabajadores sociales, odontólogos, médicos, paramédicos, químicos clínicos, asistentes, intendentes, administrativos) son los funcionarios públicos prestadores del servicio de salud, vinculo entre gobierno y comunidad, responsables de ejecutar la política en salud a toda la población; sin embargo ese concepto de gremio dispuesto al servicio constante, despersonaliza a hombres y mujeres que la conforman ignorando la diversa problemática que se gesta en su interior.

En los trabajadores de base de los Servicios de Salud de Nayarit (SSN), existe una relación mujer – hombre de 1.8 a 1; en este sentido, los servicios de enfermería presentan una relación 20 a 1, en servicios generales 2.5 a 1, odontología 1.4 a 1 y en el apoyo administrativo 1.3 a 1, se puede apreciar que la proporción favorece notablemente a las mujeres. En cuanto a los médicos generales y especialistas la proporción se inclina hacia los hombres siendo esta 1.3 a 1 para los primeros y 2.5 a 1 para los últimos, donde la retribución económica es mayor.

Sin embargo a pesar de que existen mayor número de plazas sindicalizadas para mujeres, los cargos de mayor jerarquía están ocupados casi en la totalidad por hombres, en una relación hombre – mujer de 2 a 1.

En la misión y visión de los SSN no se tiene contemplada la perspectiva de género, por lo tanto el trabajador no se encuentra obligado a adoptarla en su quehacer laboral cotidiano. Lo anterior hace evidente que desde la dimensión organizacional y laboral se deben identificar en las dependencias gubernamentales, como impacta la perspectiva de género en sus comunidades y como lograr modificar la percepción hacia las mujeres como sujetos potenciales de desarrollo y no como un grupo vulnerable o ciudadanas de segunda categoría.

Se desconoce en general si la perspectiva de género está incluida en el haber de la institución médica y sus integrantes, así como su repercusión en el funcionamiento laboral.

El número de horas destinadas a estar en un centro de atención médica, el cumplimiento de metas, el aumento de consulta, las deficiencias estructurales y de insumos, obnubilan si existe deterioro de las relaciones de género en la institución y por consecuencia del estado de salud de sus miembros.

El considerar la salud como el completo estado de bienestar físico, mental y social y no solo la ausencia de enfermedad, obliga a mirar hacia la comunidad médica y sus relaciones de género ya que es sabido que el género y la familia son parte de las dimensiones constitutivas de la salud.

La manera en que la comunidad médica se relaciona entre sí, los problemas al interior, los diversos estilos de vida, los factores psicosociales expresados en la cotidianeidad y la historia de dominación masculina ejercida a través de la violencia simbólica e invisible hasta para la misma mujer, pueden entorpecer a este grupo social el cumplimiento de la definición de salud, así como la transversalidad de la perspectiva de género tan nombrada por las autoridades estatales como federales.

Al hablar de salud en la comunidad médica, inmediatamente viene a la memoria la “Salud laboral”, sin embargo la salud comunitaria de este grupo poblacional, va más allá de su casi exclusivo enfoque reduccionista del ambiente físico de trabajo (riesgos físicos, químicos, biológicos y ergonómicos) y se ha volcado por incluir hábitos de salud, organización y cultura del trabajo, establecer nexos con la comunidad y todo lo que pueda tener un profundo efecto en la salud del individuo.

La desigualdad de género dentro de la comunidad médica debe ser reconocida, ya que la inequidad desalienta a las personas para el trabajo en común, disminuye la esperanza para un mejor futuro, comprometiendo el estado de bienestar.

Las unidades de especialidades médicas (UNEMEs) en Nayarit, son consideradas en los diversos discursos gubernamentales como “la joya” de la salud nayarita, donde se llevan a cabo los programas médicos más avanzados, sin embargo se desconoce si en la comunidad médica de las UNEMEs exista la transversalidad de perspectiva de género, en el acceso a contratos, cargos gerenciales, salarios o compensaciones; también se ignora la influencia que tienen las relaciones interpersonales en el desarrollo del trabajo conjunto, en la génesis de enfermedad, así como los efectos nocivos en la salud de aquellos que sufren discriminación, trato desigual o acoso sexual.

Esto nos lleva a la siguiente pregunta de investigación:

¿Cuál será la percepción de perspectiva de género en la comunidad médica de las unidades de atención médica ambulatoria (UNEMEs) de Tepic Nayarit, y su repercusión laboral y en la salud del trabajador?

Justificación

 México se enfrenta a una serie de modificaciones en la política de Estado, que originan cambios en las diversas comunidades del país, en las cuales se harán más evidentes las desigualdades con las que históricamente se ha vivido y estos cambios en la comunidad médica, no serán la excepción.

La tendencia de migrar hacia la universalización del sistema de salud, designa a la comunidad médica como la responsable de hacer efectiva tal política, con base a la transversalidad de perspectiva de género y el cumplir las prioridades establecidas en el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018.

La inclusión de la perspectiva de género como estrategia transversal en las políticas públicas supone la modificación de las circunstancias que impiden a las mujeres el ejercicio pleno de sus derechos y el acceso a las oportunidades, sin embargo no basta con establecer leyes, marcos normativos, desarrollos de sistemas de información con perspectiva de género, cuotas de género en el congreso, etc., sino también es indispensable identificar los factores que a lo largo de la historia han dejado relegada a la mujer dentro de las diversas comunidades donde se desarrolla para modificarlos.

El ambiente laboral, las relaciones de género, los roles adoptados, las condiciones sociales y laborales en que se realiza el trabajo, pueden causar daño a la salud y afectar negativamente el estado de bienestar de las personas.

La información que se tiene sobre la situación laboral de la comunidad médica con relación a su estilo y calidad de vida, la de su familia, su estado de salud y sus relaciones de género es insuficiente. Es necesario conocer cual es la percepción de ellas y de ellos sobre sus condiciones laborales y familiares en las que se desenvuelven, relaciones interpersonales en el trabajo, uso de tiempo libre, recreación, etc., e identificar si perciben una perspectiva de género en su ambiente laboral y los elementos que propician la desigualdad.

Nayarit presenta rezago en la transversalidad de la perspectiva de género pese a la creación del Instituto de la mujer nayarita (INMUNAY) el 31 de diciembre de 2003, mediante el decreto número 8264; es de notar que la Ley de Igualdad de las Mujeres y los Hombres en Nayarit, fue publicada en el periódico oficial ocho años después de la creación de este organismo. La ley es básicamente una réplica de la ley federal del mismo nombre, que no deja de ser enunciativa, a pesar de crear una comisión ex profeso para vigilar su cumplimiento.

El INMUNAY realizó un proyecto del 13 de junio al 30 de noviembre de 2012, denominado “Contribuyendo a la construcción de la igualdad entre mujeres y hombres, al interior de las instituciones y en los planes de política pública en Nayarit”, llevado a cabo en diversas dependencias gubernamentales del estado de Nayarit, reportando que existe una mayor percepción de acoso y hostigamiento sexual por parte de los hombres; las mujeres se perciben rezagadas y poco valoradas en oportunidades de capacitación, desarrollo de personal y en la toma de decisiones institucionales con relación a los hombres.

En los SSN se desconoce la situación de las mujeres y hombres en el ámbito laboral y a pesar de que la base trabajadora de los SSN presenta un número mayor de contratación para las mujeres, no hay estudios que indiquen si se ha llevado a cabo la transversalidad de la perspectiva de género, su repercusión en el ambiente laboral, en la salud del trabajador y su visión hacia la atención a la salud con esta perspectiva.

El llevar a cabo una investigación cuali-cuantitativa para determinar como la comunidad médica se percibe bajo una perspectiva de género y como ésta es determinante para su salud, brinda la posibilidad para identificar y comprender las características socioculturales de las mujeres y hombres de este grupo poblacional, cómo se produce la discriminación hacia las mujeres y las vías para transformarla.

Esta investigación dará pie a otras investigaciones para identificar las brechas de género si es que las hay dentro de las diversas comunidades laborales existentes en el estado de Nayarit, así como determinar la distancia que separa a mujeres y hombres con respecto a las oportunidades de acceso y control de los recursos económicos, sociales, culturales, políticos y de salud, al facilitar el diagnóstico de los factores que provocan la discriminación.

Objetivo general

Determinar la percepción de la perspectiva de género y su influencia en el estado de salud de los integrantes de la comunidad médica de las UNEMEs en Tepic, Nayarit.

Objetivo específico

Determinar la influencia que las diferentes prácticas sociales, culturales y políticas del personal de salud tienen en la génesis de la enfermedad.

 Metodología

 Se llevó a cabo estudio cualitativo, mediante una encuesta sobre la percepción de perspectiva de género y la salud del personal, en una muestra por conveniencia de la comunidad médica de las unidades de especialidades médicas, pertenecientes a los servicios de salud de Nayarit, con la autorización del comité de ética de dicha institución; la encuesta está validada y el Programa Universitario de Estudios de Género31 perteneciente la UNAM, contando con la autorización de dicha institución para su uso.

La población objetivo fue el personal adscrito a las unidades de especialidades médicas, de cualquier sexo, género, posición socioeconómica o raza que aceptaron participar en el estudio. Se realizó la encuesta a los participantes, se comentó con el encuestado el objetivo de la misma, se hizo énfasis en que todas las respuestas eran confidenciales y que los resultados se presentarían en forma de resumen estadístico, por lo que para su llenado no se registró nombre o rúbrica.

El cálculo de la muestra y análisis estadístico se realizó mediante el paquete Epi Info versión 7.1.1.1., con un universo de 91 personas y un nivel de confiabilidad del 90%, resultando una muestra de 68 individuos.

Una vez obtenidos los resultados se compararon las variables registradas, para identificar diferencias entre la percepción de mujeres y hombres, en diversos rubros, como es aspectos laborales, relación familia y trabajo, ambiente institucional, satisfacción como empleado, discriminación de cualquier tipo, trato desigual por parte de la autoridad, fomento de la equidad de género e igualdad de oportunidades y estado de salud. Para identificar diferencias en la obtención de resultados se realizó una prueba de Chi2 para variables cualitativas y t de Student para variables cuantitativas.

 Criterios de inclusión

  1. Personal adscrito a las UNEMEs de Tepic, Nayarit.
  2. Personal con cualquier tipo de contratación.
  3. Que aceptara responder la encuesta.

Criterios de exclusión

  1. Personal imposibilitado para responder la encuesta.

Resultados

 Las unidades encuestadas fueron cirugía ambulatoria, enfermedades crónicas, centro ambulatorio de prevención y atención en SIDA e infecciones de transmisión sexual (CAPASITS) y centro nueva vida.

La comunidad médica hasta diciembre del año 2013, estaba conformada por 91 trabajadores de la salud, en su mayoría mujeres (74.72%).

Se entrevistaron 48 mujeres y 20 hombres, todos aceptaron de manera voluntaria contestar la encuesta, el resto del personal se negó a participar y la proporción mujer-hombre de los encuestados se mantuvo similar a la distribución encontrada en la población objetivo.

La edad promedio para los hombres fue de 41.1 años de edad y para las mujeres de 37.4 años, no existiendo diferencias significativas (t= 1.55 p = 0.12).

La mayor parte de la población incluida en la encuesta fueron graduados universitarios, 50% de las mujeres cursaron una carrera universitaria y 25% una especialidad, 14.58% reportaron una carrera técnica o comercial, 6.25% preparatoria o bachillerato y 2% secundaria terminada. El último grado de estudios de los hombres fue una especialidad médica 60%, maestría o doctorado 15%, licenciatura 10% y 5% para carrera técnica, preparatoria y secundaria respectivamente; se encontró asociación significativa entre ser hombre y haber estudiado una especialidad médica (x2=10.67 p< 0.001).

La rama médica y los cargos directivos se encuentran dominados por los hombres, el 50% de ellos proveen atención médica y el 50% de estos desempeñan un cargo directivo, mientras que el 75% de las mujeres desarrollan una función administrativa o de enfermería, encontrando diferencias estadísticamente significativas (p<0.0001). El 81.82% de las mujeres realizan funciones para lo que fueron contratadas, por el contrario el 81.2% de los hombres son promovidos para realizar funciones de mayor importancia o responsabilidad y diferentes a su código de contratación, encontrando diferencias significativas (p<0.005); el 4.41% refirieron haber tenido que pagar para obtener su trabajo o sufrieron de algún tipo de acoso sexual para conseguirlo.

Al explorar la relación familia – trabajo, a pesar de que las mujeres participan ya en la vida laboral de manera activa, comparten gran cantidad de tiempo destinado a la vida privada y los quehaceres del hogar son llevados principalmente por ellas. Las horas dedicadas a las labores del hogar por parte de las mujeres, rebasan las 55 horas semanales, traduciéndose en una segunda jornada laboral diaria, incluyendo sábado y domingo.

El 21.8% de las mujeres toma la principal responsabilidad del cuidado de sus padres y en su totalidad invierten mayor tiempo semanal en las actividades de la casa. Al cuestionar sobre la inversión de tiempo que se dedica a la preparación de los alimentos, las mujeres disponen en promedio 14 horas semanales para esta actividad, a diferencia de los hombres que no lo realizan (p<0.001); en las actividades del arreglo y cuidado de la ropa, las mujeres utilizan en promedio 6.6 horas semanales, mientras que los hombres registran una media de 1.8 horas (p<0.001), sucede el mismo fenómeno en el aseo de la casa, donde la mujer trabaja en promedio 9 horas y el hombre 2.15 horas (p < 0.0001); el cuidado de los hijos recae en la mujer, el tiempo dedicado a esta actividad para ellas fue de 26.34 horas semanales, mientras que la mediana para el hombre fue cero (p < 0.01). El 21.8% de ellas se ha responsabilizado por el cuidado de otros niños o niñas, con relación a sus parejas hombres que no lo han hecho (p<0.01).

Al interrogar sobre el tiempo que se llevan para transportarse de casa al trabajo y viceversa, se detectó una mayor inversión de tiempo para las mujeres, siendo el total de horas promedio invertidas 8.2 horas para ellas, mientras que los hombres refirieron 1.8 horas para este rubro (p<0.005).

En tiempo invertido para adquirir la despensa y el pago de servicios del hogar no se encontraron diferencias significativas en los encuestados.

La recreación es un elemento vital para lograr un estado de bienestar tanto individual, familiar y comunitario, se interrogó a la comunidad médica sobre el tiempo que disponen para actividades que les gustan o les divierten y los resultados para ambos sexos fueron similares, a razón de 8.9 horas por semana, no existiendo diferencias significativas al estratificarlos por sexo.

En cuanto a la distribución del ingreso salarial, las mujeres refirieron disponer de un mayor porcentaje de su salario para gastos personales (33.97%) a diferencia de los hombres (16.95%), siendo esta diferencia significativa (p< 0.01).

El 25% de los hombres y 27% de las mujeres afirmaron que su trayectoria laboral y capacitación se vio afectada por involucrarse en el cuidado de sus hijos, de otros niños o de sus padres.

La violencia intrafamiliar es una situación que continúa presente en la sociedad, el 23.91% de las mujeres y el 10% de los hombres reportaron haber vivido violencia intrafamiliar, sin embargo no se encontró asociada a ningún sexo en particular (p> 0.05).

Al explorar el ambiente institucional y llevar a cabo contrastes entre los géneros masculino y femenino, el 45% de los hombres y 56.25% de las mujeres se consideran insatisfechos con el espacio, equipo y herramientas para realizar sus labores cotidianas:

El 26% de las mujeres y 44% de los hombres se encuentran insatisfechos con su ambiente laboral; el 47.92% de ellas y 45% de ellos se refieren insatisfechos con el reconocimiento a sus esfuerzo y el porcentaje aumenta aún más al 65% y 61% respectivamente, al mostrarse insatisfechas e insatisfechos en el apoyo recibido en sus proyectos de mejora.

Los hombres se refieren con mayor satisfacción con el cargo que desempeñan (77.78%), pero solo el 30% se sienten satisfechos con su ingreso actual, mientras que el 51.06% de las mujeres se sienten satisfechas con su sueldo y actividades para lo que fueron contratadas.

Los derechos laborales es un tema muy importante para el buen desempeño laboral; respeto al horario de su jornada laboral, vacaciones, días de descanso aguinaldo, etc., fueron variables que se tomaron en cuenta en este rubro y el 60% de los hombres y 56.52% de las mujeres se refirieron satisfechos con el respeto a sus derechos laborales; en donde se encontraron diferencias en relación al género fue con el trato laboral recibido en cada una de sus unidades médicas, donde los hombres se perciben en su gran mayoría satisfechos con el trato laboral recibido (84.21%), mientras que el 50% de las mujeres difieren de este resultado (p <0.05). La respuesta de los hombres (55%) y mujeres (46.8%) a la labor del sindicato fue de insatisfacción en su desempeño.

El 25% de las mujeres y 35% de los hombres consideran que existe un trato desigual con respecto al género en los servicios de salud de Nayarit (p = 0.209) y al interrogar si en su centro de trabajo consideran que existe diferencias en el trato, este porcentaje disminuye en 10.42 puntos porcentuales en las mujeres y 10% en los hombres, siendo consistente con un segundo cuestionamiento a la mitad de la encuesta, donde el 14.58% de las mujeres no refieren un trato desigual en la unidad de salud que laboran, mientras que el 25% de los hombres si lo aprecia.

Una proporción mayor de hombres (60%) considera necesario llevar a cabo acciones que fomenten la igualdad de oportunidades laborales entre géneros con relación al 41.67% de las mujeres; para ellas las acciones más importantes por implementar es el incremento en la participación de las mujeres en los órganos de decisión (35%), seguido de cursos de capacitación en derechos humanos y violencia de género para la comunidad médica (25%) y finalmente crear suficientes centros de desarrollo infantil de calidad (10%). Por su parte los hombres muestran otras prioridades siendo enunciadas en orden de importancia como cursos de capacitación en derechos humanos y violencia de género para la comunidad médica (33.33%), seguido de crear instancias para las denuncias de discriminación y violencia (25%) y finalmente horarios preferenciales y aumentar la ayuda económica para quienes están a cargo del cuidado de sus hijos.

En una tercera pregunta al final de la encuesta sobre equidad de género, se encontró que más de la mitad de las mujeres (58.33%) y de los hombres (60%) no consideraron que exista inequidad de género en los SSN.

El programa de estímulos de la secretaría de salud estatal se aprecia inequitativo, el 82.35% de los trabajadores de salud refirieron no participar en el programa de estímulos, la razón principal es que consideran la manera de evaluar injusta (66.67%) y el favoritismo una constante en la justificación.

El trato de inferioridad entre los trabajadores de la comunidad médica por motivos raciales, religiosos, políticos, de género o algún otro se exploró, cuando se interrogó si en los últimos tres años habían escuchado comentarios discriminatorios en los servicios de salud de Nayarit, el 20% de los hombres y 47.92% de las mujeres a menudo han oído que las mujeres logran puestos, premios o promociones porque seducen a los hombres poderosos (p < 0.05); el 20.83% de las mujeres han percibido la sensación que los hombres son flojos, pero tienen suerte en el trabajo (p< 0.05); y aunque no hay asociación entre algún género y advertir comentarios que las mujeres tienen que ser excepcionales para tener éxito en los SSN, el 25% de ellas lo perciben así, en relación con el 15% de los varones.

Al referirse a conductas de acoso sexual, el 10.42% de las mujeres refirieron haber presenciado, carteles, pantallas de computadoras u otras imágenes de naturaleza sexual que llegaron a incomodarle, provenientes en un 60% de compañeros de trabajo y en su totalidad por hombres.

Una cuarta parte de las mujeres encuestadas han sufrido de piropos no deseados acerca de su apariencia, originados por el personal médico (45.45%) y directivos (27.27%), la mayoría de estos hechos por el personal masculino (90.91%). El 19.15% de las mujeres han apreciado miradas morbosas o gestos que les han molestado durante su jornada laboral, provenientes de compañeros de trabajo (40%), rama médica (30%) y servicio de enfermería (20%).

El 25% de la población estudiada le han molestado bromas comentarios o preguntas sexuales sobre su vida amorosa, realizados por compañeros trabajadores (69.23%), médicos (23.08%) y en el 65.12% por hombres. El 10.64% ha recibido presión para aceptar invitaciones no deseadas fuera del trabajo, llevados a cabo por personal directivo (40%), trabajadores (40%) y personal médico (20%), el 80% de estas llevadas a cabo por hombres.

El 8.51% sufrieron roces o contacto físico no deseado tanto por hombres (75%) como por mujeres (25%), 2 casos correspondieron a la rama médica , un caso del personal directivo y otro para el servicio de enfermería. Dos mujeres refirieron haber tenido la necesidad de cambiarse de área laboral por acoso sexual proveniente de un directivo y otro por un médico, en ambos casos hombres, el 80% de las mujeres quienes afirmaron haber sufrido algún tipo de acoso o maltrato laboral no realizaron ninguna acción, ya sea por que no le dieron importancia o no querían pasar por personas conflictivas.

Al explorar el estado de salud de los participantes, el 95% de los hombres consideran que gozan de buena salud, aunque el 20% de los mismos refirieron tener una enfermedad crónica agregada, mismo fenómeno sucede en las mujeres, quienes en el 91.1% refirieron tener buena salud pero el 25% de ellas padece una enfermedad crónica. Al interrogar si el haber padecido discriminación, agresión laboral o acoso sexual, había tenido algún efecto sobre su salud, el 14.71% de ellas respondieron de manera afirmativa, manifestando su afectación como ansiedad, depresión, insomnio, mareos, cefalea y desmotivación, sin embargo solo dos acudieron a consulta médica, cuyos diagnósticos otorgados fueron estrés y depresión.

Discusión

Los resultados encontrados en esta investigación en general se asemejan con lo publicado en la literatura. El grupo etario laboral en Nayarit de la comunidad médica explorada se encuentra entre la cuarta y quinta década de la vida, similares edades son reportadas por Santander y cols., al estudiar la situación laboral, económica y académica de los médicos de Chile, así como el aumento en la contratación de mujeres en la dependencia de salud21. Diferencias en la proporción de hombres y mujeres contratadas por los suecos son publicadas, donde un mayor porcentaje de hombres ocupan la matrícula laboral en este país en la empresa privada32.

Debido al tipo de contratación y labores desempeñadas del personal de salud en las UNEMEs, las mujeres presentan ingreso inferior que los hombres, aunque ellas disponen de mayor porcentaje para gastos personales, a diferencia de la sociedad sueca donde las mujeres informaron significativamente mayor igualdad de género entre ellas y sus parejas en cuanto a ingreso económico se trata32.

La responsabilidad de las labores del hogar continúa bajo la responsabilidad de las mujeres nayaritas, actividades en las que prácticamente ellas trabajan una segunda jornada laboral diaria, incluyendo los fines de semana, no encontrando diferencias con lo registrado en la Unión Americana en 1920, donde el 90% de las mujeres invertían más de 35 horas semanales en las tareas domésticas, a pesar de tener un empleo remunerado fuera del hogar33. Sorlin y cols., refieren que en su población sueca, cerca del 17% de los encuestados informaron compartir las tareas del hogar por igual. Alrededor del 43% informó reparto equitativo de las licencias temporales en caso de enfermedad del niño y sólo alrededor del 13% de los encuestados informaron de compartir el permiso parental por igual, aún así el 80% de las mujeres reportaron su relación como totalmente o relativamente equitativa entre los géneros32.

En las UNEMEs la rama médica y los cargos directivos se encuentran dominados por los hombres, el 50% de ellos proveen atención médica y el 50% de estos desempeñan un cargo directivo, mientras que el 75% de las mujeres desarrollan una función administrativa o de enfermería. En la sociedad médica chilena sucede una situación similar, las funciones asistenciales son ejercidas por las mujeres, mientras que las tareas directivas y de docencia son desempeñadas por hombres, y los médicos chilenos prácticamente doblan en número de horas trabajadas a las médicas, así como en ocuparse en más turnos laborables21. En el sector laboral sueco Elwér y cols., en su estudio de cohorte aprecia una división sexual del trabajo, donde los hombres son destinados a trabajos en la fábrica, mientras que las mujeres se dedican a la administración, pero al explorar solo el área administrativa, las labores que las féminas llevan a cabo es en la atención al público, mientras que el de los hombres esta en el análisis de datos y es de notar que en este nivel los hombres tienen un nivel educativo y salario más altos que las mujeres y ellas usan los permisos parentales con más frecuencia que los varones17. Newman, en el 2014, publica que en Uganda los cargos de alta dirección, mandos medios y niveles de grado, tienen un predominio hasta del 80% por los hombres y en Kenia existen claras diferencias en las ocupaciones del sector salud, donde enfermería, nutrición, trabajo de salud comunitario y trabajo de extensión de salud comunitaria, parecen ser labores femeninas8.

En la comunidad médica encuestada en Nayarit se encontró una diferencia significativa entre ser médico y tener una especialidad, maestría o doctorado en relación con las médicas, circunstancia similar publica en su serie Newman, donde la proporción hombre-mujer de médicos generales es de 1.5 a 1, mientras que en especialistas favorece a los hombres en una relación 3.9 a 18, así como también Sorlin y cols., en Suecia posicionan a los hombres que se encuentran laborando con un nivel educativo más alto que las mujeres, a pesar que ellas han registrado niveles de educación superior desde el año 200032. Esta situación difiere en la comunidad médica chilena, donde el grado académico o la elección de especialidades no presenta diferencias significativas por sexo o edad21.

Al explorar conductas discriminatorias en la dependencia de salud nayarita, el 16.45% del personal femenino respondieron de manera afirmativa que existen personas principalmente del sexo masculino que realizan estas prácticas, en comparación con el 10% de los médicos chilenos que refieren que en su lugar de trabajo hay personas que maltratan, abusan de su poder, o engañan a otros21. El 34.5% del personal de salud en UNEMEs no se encuentra satisfecho con su ambiente laboral, al desagregarlo por sexo los hombres manifiestan un porcentaje mayor de inconformidad (44%) que las mujeres (25%), siendo similar con lo publicado por Santander y Col., donde el 40% de los médicos refieren un ambiente de tensión permanente en su trabajo, siendo más frecuente entre los varones21. Aún así los porcentajes de satisfacción con el cargo que desempeñan por la mayoría de los hombres (77.78%) y de las mujeres (51.06%) de la comunidad médica en Tepic son menores que lo reportado en la comunidad médica chilena, donde el 75% al 85% de los médicos sin diferencia por sexo, refieren que se sienten contentos con su trabajo y en lo que se refiere al ingreso recibido21, el 30% de los hombres nayaritas y 51.06% de las femeninas se sienten satisfechas con su sueldo, en comparación con lo reportado por Santander y col., donde el 75% de los varones y 50% de las mujeres perciben que su salario les alcanza para cubrir sus gastos. El 60% de los médicos chilenos evaluados, refieren que su ingreso no les permite gastos en viajes y bienes suntuarios21, mientras que los hombres de la comunidad médica nayarita dispone de un porcentaje bajo (16.95%) para gastos personales.

En lo que se refiere a la salud de los integrantes de la comunidad médica tepicence, los hombres se aprecian con un mejor nivel de salud que las mujeres a pesar de presentar una enfermedad crónica agregada y solo un 14.71% de las mujeres refirieron signos y síntomas de afección psicológica laboral, similares resultados presentan Tomas y cols., aunque en diferente sector, donde los hombres de una empresa textil encuestados percibían niveles más altos de salud mental, vitalidad y promedios más bajos de síntomas de estrés tanto sintomático, conductual y cognitivo, haciendo notar que el ser hombre o mujer se está expuesto a condiciones laborales diferenciales y son éstas, las que afectan a la salud22. Sin embargo Elwér en su estudio de cohorte refiere que el 32% de las mujeres y 42% de los hombres en una edad promedio de 42 años reportan trastornos psicológicos y hace notar que estos hombres realizaban tareas como obreros17.

Por su parte Sorin y cols., refieren que en su población estudiada el 82% de los hombres y el 78% de las mujeres informaron que su salud es buena y reportan que las probabilidades de una buena salud aumentan con la igualdad de género (OR 1.54, IC 95% 0.6 a 3,95)32. Un dato interesante es que los hombres que perciben su relación como completamente iguales tenían significativamente mayores probabilidades de informar sobre su salud como buena en comparación con los hombres que perciben su relación que no son iguales (OR = 5,19 IC 95% = 1,81-14,82)32.

De las mujeres encuestadas en Nayarit que respondieron afectación de su estado de salud por cuestiones de discriminación solo dos acudieron a consulta, esto concuerda con lo publicado por Cox D., el cual refiere que las mujeres acuden con más frecuencia que los hombres a una consulta médica por trastornos depresivos o pensamientos suicidas (OR 3.0 IC al 95% 2.16 – 4.18), mientras que los hombres tienden a beber en exceso29.

Conclusiones

 Hay mucho por hacer e investigar en lo que se refiere a perspectiva de género; pese a que las sociedades europeas se encuentran con mayores avances en este tema, aún se identifican en el mundo brechas importantes de género en la vida diaria y laboral.

El concepto de género ha evolucionado a lo largo de la historia, los significados de masculinidad, femineidad, vida pública y privada, equidad, igualdad y perspectiva de género han alcanzado tal connotación, que en el México actual la perspectiva de género y su transversalidad son uno de los ejes principales del plan nacional de desarrollo 2013-2017 y a pesar de la relevancia del tema, la construcción social del significado de ser mujer (destinada a la vida privada), se ha hecho parte del pensamiento de nuestra sociedad y a su vez exteriorizado en la educación familiar donde la misma mujer ha sido protagonista, reflejado en la aceptación de la posición hegemónica del hombre y la subordinación de la mujer en todos los ámbitos de la vida.

La falta de perspectiva de género en el seno familiar es una situación que se debe estudiar en la sociedad mexicana; es claro que el cuidado de los hijos es de gran importancia, ya que en este tiempo es donde se generan individuos plenos, responsables y solidarios, pero dicha responsabilidad aún recae casi en su totalidad en la mujer, donde el significado de ser madre y el rol que ellas desempeñan en el núcleo familiar y en la sociedad, es reproducido de generación en generación, con todas sus consecuencias sociales.

Hasta hace unos años, los hogares estaban conformados por un “padre ausente”, con una figura jerárquica fuerte, inamovible y quien sólo se encargaba de proveer económicamente para resolver las necesidades materiales; actualmente el hombre participa de manera más activa en el cuidado de los hijos, pero en actividades lúdicas, menos costosas y más gratificantes, sin compartir el tiempo que invierten las mujeres a las labores del hogar.

Educar con perspectiva de género, donde se fomente la corresponsabilidad del hombre en las actividades de la vida privada y no solo como una ayuda generosa, debe ser reforzada por una política educativa que favorezca a una sociedad más equitativa con intercambio de roles, indistintamente del sexo. El enseñar a compartir los diversos roles sociales y establecer una educación axiológica favorecerá a la construcción de un proyecto de vida personal más equitativo, reflejado en la vida familiar, en lo social y laboral.

El mito de la universalidad de las políticas públicas favorecen a la discriminación de género y su consecuente inequidad laboral; esta supuesta neutralidad es un obstáculo para la participación equitativa en el trabajo remunerado, donde los cargos de mayor responsabilidad o salario están restringidos con el mote de “tiempo completo”, lo que deja a las mujeres en condiciones de desventaja. El acceso a trabajos de dedicación total, enmascara el techo de cristal, que a su vez es fortalecido por la exigencia familiar y social del cumplimiento de las funciones del hogar.

No es suficiente que la transversalidad de perspectiva de género se enuncie en el plan nacional de desarrollo actual, es necesaria una intervención educativa en los diversos niveles institucionales, de manera progresiva y cíclica, apoyado por los diferentes institutos estatales y nacionales pertinentes, cuya meta sea lograr en el micro escenario un cambio de valores a favor de la no discriminación y la no violencia hacia las mujeres y el disfrute equitativo de bienes sociales, oportunidades de recursos, opciones o posibilidades de vida para todos.

El rol femenino del ama de casa sigue arraigado en el pensamiento de la comunidad médica en general; pese a los años de escolaridad, profesión o cargo que desempeñan, las mujeres trabajan una jornada laboral extra en casa, sin remuneración económica alguna; a pesar de la mayor carga de trabajo en el hogar, las mujeres nayaritas no perciben afectación a su trayectoria laboral al asumir el rol de género tradicional, no importando que su carrera profesional se vea interrumpida o con necesidad de aceptar empleos o funciones de menor responsabilidad, calidad o ingreso por falta de disponibilidad de tiempo.

El acúmulo de diversos tipos de capital por parte de la mujer nayarita, no deja de obedecer al principio legítimo de dominación, establecido por el hombre como género dominante; es decir aunque el acceso a la educación superior y de postgrado esta abierta genéricamente para todos y que las mujeres ocupan un mayor porcentaje en la matrícula universitaria en ciencias de la salud en Nayarit, no lo es en la contratación para los cargos de médicos especialistas y de gerencia en salud, los cuales están ocupados principalmente por hombres.

El ingreso salarial y su distribución para satisfacer las necesidades personales y del hogar se vuelve álgido en la comunidad médica nayarita, ya que según el último censo económico realizado por INEGI, Nayarit presenta en promedio la remuneración más baja por persona a nivel nacional, siendo este $5,158.33 pesos mensuales; la línea de bienestar equivale al valor total de la canasta alimentaria y no alimentaria por persona y al mes es establecida en $2,415.45 m.n. per capita, si el promedio de miembros en una familia en Nayarit es de cuatro, el ingreso promedio para satisfaces necesidades básicas en la población nayarita se torna insuficiente; el porcentaje de población con ingresos inferior a la línea de bienestar en Nayarit aumentó de 45.7% a 53.2% en el 2012, si a esto se le suma que las mujeres tienen contratos de menor ingreso económico, se hacen patentes los patrones de desiguales de género y discriminación laboral, donde estos tienen una profunda influencia en la génesis del proceso de salud y enfermedad.

Hay un mayor registro de los signos y síntomas de afectación psicológica en las mujeres por cuestiones laborales y puede deberse a que ellas buscan con mayor frecuencia apoyo psicológico con relación a sus congéneres; es importante ahondar en este rubro en investigaciones posteriores ya que como lo menciona Cox en su estudio que las adicciones pudieran expresarse de manera significativa en los varones, al tener su génesis en el estrés laboral y la falta de consejería psicológica en ellos.

En Nayarit, el rezago en infraestructura y equipamiento se perciben como considerables; la capacitación en desarrollo humano y la ausencia de planeación estratégica para el uso de los escasos recursos es externada por la población laboral nayarita, pese a que el discurso gubernamental diga lo contrario.

Aún así las mujeres se sienten más satisfechas que los varones con respecto a los recursos que disponen para laborar y con las actividades que desempeñan así como con su ingreso salarial, lo que hace pensar en la interiorización de la dádiva laboral como construcción social de la dominación masculina y el consecuente agradecimiento de la mujer por el trabajo otorgado, es decir en este mundo donde el poder patriarcal es el dominante, la falta de oferta de trabajo y la competencia laboral inequitativa, hace que las mujeres se subordinen al trabajo, salario, condiciones de discriminación o acoso sexual, conformándose con lo propuesto.

La transversalidad de la perspectiva de género en la institución de salud en Nayarit es un tema pendiente. La declaración de derechos humanos y de los derechos de la mujer, no ha vuelto su mirada hacia los trabajadores de salud en Nayarit donde la protección contra todo tipo de discriminación en educación, ocupación, empleo e ingreso salarial no se ha hecho efectiva, pese a que existen instrumentos internacionales y leyes apegadas a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en contra de la discriminación y violencia hacia las mujeres.

La cultura de la queja no esta fomentada en nuestro medio y tampoco hay instancias en la dependencias de salud para realizarla, por lo que es imperante crear las áreas institucionales para su denuncia, asegurar la protección laboral del denunciante y las sanciones pertinentes para el agresor.

Los diferentes estados de la República Mexicana tipifican el acoso sexual como delito, entendiéndose aquella acción que tiene como objeto obtener favores sexuales de una persona sin que exista subordinación real de la víctima al agresor en los ámbitos laboral o escolar, teniendo como agravante ser un servidor público; la baja incidencia de denuncias por acoso sexual hacia las mujeres reportadas en las dependencias de salud en Nayarit, pudiera obedecer al temor de perder lo que socialmente se ha construido y ganado por parte de las mujeres, además de que las instancias de autoridad en las dependencias en donde podría llevarse la queja, se encuentran ocupadas por hombres sin preparación en perspectiva de género.

La equidad de género en las dependencias gubernamentales en Nayarit se debe fortalecer. Es imperante que se establezcan las estrategias para que se logre la transversalidad de perspectiva de género en todas las áreas de la institución de salud, lograr que tanto mujeres y hombres puedan ser contratados por sus habilidades y conocimientos, tener acceso a los cargos directivos y a una retribución económica por igual, independientemente de su género.

El que los hombres reconozcan y hagan visible la desigualdad que la mujer padece, es el primer paso para acabar con esta.

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