Aprender a mirar la salud, a propósito de la obesidad en México. Por Antonio Maya.

fundidora

El salir a correr al parque fundidora —como regularmente trato de hacerlo para evitar las secuelas del sedentarismo— ha resultado fascinante: la majestuosidad del horno 3, sitio histórico y emblemático de la grandeza industrial de la ciudad de Monterrey es rodeado por un aroma a hierba y tierra mojada que evoca la niñez, los jardines son armonizados con el Cerro de la Silla el cual los mira de frente y la arqueología industrial acompaña a los transeúntes por todo su recorrido, y en conjunto con el paseo Santa Lucía —canal de 2.5 km de longitud hecho por el hombre— generan el escenario perfecto para ejercitarse y a la vez deleitarse con una esplendorosa vista.

En medio de mi rutina física, observo a tres jóvenes quienes con gran alboroto conducen bicicletas rentadas por el parque, uno de los varones —a quién llamaré Juan— presenta obesidad mórbida y sonríe avergonzado, al mirar de reojo a su amiga quien lo rebasa por un costado, por bajar de su bici y caminar cuesta arriba en una pendiente no tan pronunciada, mientras tanto su otro compañero lo “bullea” en medio de grandes risotadas al mirarlo hacer el esfuerzo para incorporarse con ellos en la cima. El abundante sudor en su sonrojado rostro llama más la atención que lo tropezado de su hablar, cuando al fin alcanza la loma y logra recuperar el aliento, enciende un cigarro y con gran excitación inicia un relato, manotea, se toca su abultado abdomen en diversas ocasiones, cierra los ojos y moja sus labios con la lengua semejando saborearse un manjar; al acercarme un poco a ellos escucho su conversación:

—Si deciden acompañarme será la mejor experiencia de su vida, la carne es perfecta, pesa 200 gr, condimentada con tocino, cebolla, ajo, hierbas aromáticas, cocida inicialmente a fuego fuerte sobre carbón vegetal y maderas para ahumar y su cocimiento final en 10 minutos retirado de la flama es impresionante, el resultado es una carne jugosa, con una costra exquisita por fuera, que al llevarla a la boca se deshace, además por 18 pesos más te dan un enorme plato de papas fritas y todo el refresco que puedas tomar.

Definitivamente una descripción gourmet anhelada por todo chef, pero lo que desconoce este corpulento joven es la alta probabilidad de desarrollar una enfermedad crónico-degenerativa a lo largo de su vida y tener una muerte prematura.

La obesidad es generadora de las enfermedades que mas cobran vidas en México: trastornos cardiovasculares, diabetes, cáncer y enfermedad hepática. En una entrevista publicada por el periódico Universal en el 2015, el Dr. Michel Barrios especialista en nutrición clínica y bariatría concluye: “tarde o temprano una persona obesa presentará alguna comorbilidad mortal”, lo cual representa una tragedia familiar y una presión financiera para el sector público de salud.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) considera a la obesidad como una pandemia, las cifras en México generadas por la Encuesta Nacional de Salud (ENSANUT 2016) son alarmantes: 3 de cada 10 niños y 4 de cada 10 adolescentes presentan sobrepeso u obesidad, dicha cifra se hace dramática al llegar a la edad adulta donde 7 de cada 10 mexicanos padece este mal; actualmente México ocupa el primer lugar a nivel mundial en sobrepeso y obesidad tanto en niños como en adultos.

La OPS estima que son $80,000 millones de pesos los costos directos e indirectos por la epidemia de sobrepeso y obesidad en México y ascenderán a $150,000 y $170,000 millones de pesos al final de la actual administración. La pérdida de ingreso por muerte prematura acumulada de 2008 al finales de 2017 se calcula en 468 mil millones de pesos y en el mismo periodo de tiempo el gasto total anual en la atención médica de cuatro enfermedades atribuibles al sobrepeso y obesidad, sumarán 600 mil millones de pesos aproximadamente.

La industria de alimentos cada día ofrece una mayor oferta de comida rápida a menor costo y de fácil acceso en supermercados, parques, comedores escolares o laborales y la gran nube de mercadotecnia invade los hogares e impacta a la población en su preferencia, dejando a un lado alternativas más saludables.

Según la Universidad de Tufts, el 40% de los alimentos expendidos en establecimientos de comida rápida tienen más Kilocalorías (Kcal) por porción que lo impreso en los menús y el principal consumo de este tipo de alimentos está en América. En México el sector restaurantero de comida rápida ha registrado un crecimiento de dos dígitos en la última década.

En general se tiene la creencia que ser gordo es el resultado de comer abundante y de manera desordenada, pero esa no es una verdad absoluta. Los padecimientos (entre ellos el sobrepeso y la obesidad) son generados por diversos determinantes sociales que se definen como las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema de salud; estas circunstancias son el resultado de la distribución de los recursos económicos, normados por las políticas públicas de un país. En 1974, Marc Lalonde —considerado héroe de la salud pública— abogado y ex Ministro de Salud y Bienestar Social canadiense, cambia radicalmente la forma de hacer política en salud a nivel mundial al establecer que los principales determinantes de la salud son cuatro: medio ambiente, estilo de vida, sistema de salud y la biología humana.

Para explicar como actúan los determinantes sociales de la salud en la población, imaginemos el siguiente escenario con ayuda de las estadísticas poblaciones del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI 2010): la familia de nuestro rozagante amigo consta de cuatro integrantes: el padre es licenciado y trabaja en una empresa privada ubicada en Nuevo León, con un ingreso promedio mensual de $13,500.00 pesos; su madre tiene educación media superior terminada y vende productos por catálogo; Juan estudia el primer año de la preparatoria y su hermana la educación secundaria; viven en un barrio violento, en una casa la cual se paga con crédito del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda (INFONAVIT).

Al escudriñar el relato, salta a la vista el insuficiente ingreso económico paterno para cubrir el valor económico mensual de la linea de bienestar —conformada por las canastas alimentaria y no alimentaria, tasada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) en $2,518.65 pesos por persona en casa— debido al pago de la hipoteca mientras que los gastos extras familiares dependen exclusivamente de la actividad en el comercio informal por parte de la esposa. De la mesada designada a Juan, generalmente compra comida chatarra en la escuela y destina una cantidad para ir con sus amigos a degustar una hamburguesa el fin de semana y comprar cigarros sueltos.

Según el informe del organismo británico Overseas Development Institute en el 2015, el precio de las verduras en México se ha incrementado en un 91% mientras que el costo de algunos alimentos procesados y comida rápida han disminuido hasta un 20%, lo que condiciona al sobrepeso y obesidad.

Al surtir la despensa del hogar o al comer fuera de casa, se desconoce si los diferentes alimentos ofertados contienen elementos tóxicos para la salud: carne con hormonas y antibióticos; vegetales con pesticidas o fertilizantes dañinos; enlatados con conservadores, gluten, sodio, azúcares refinados y un sinnúmero de elementos que aunque son regulados por la autoridad sanitaria, no se señalan en las etiquetas de los productos o en los menús de los restaurantes. En la página web de la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) se encuentran algunas guías de ayuda para la adquisición segura de alimentos, sin embargo los estudios son insuficientes y encontrarlos complicado, si ha esto se le suma que solo el 39.2% de los hogares mexicanos tiene conexión a internet (INEGI 2015), el resultado es un vacío de información y una falta de educación para la salud.

Vivir en una colonia peligrosa significa ser sedentario —al menos para la niñez y la adolescencia— no contar con parques y jardines seguros con policías de barrio capacitados, alumbrado público funcionando, gimnasios urbanos, aceras con rampas en buen estado y programas municipales de actividad física para diversas edades, condiciona a la población al desarrollo de sobrepeso y obesidad; por otro lado la mala calidad del transporte urbano, la falta de educación vial y las balaceras en algunos estados de la República Mexicana, hacen que el traslado a pie o el uso de bicicleta como alternativa de transporte se torne imposible.

El tabaquismo también se asocia a obesidad, hipertensión y trastornos en el metabolismo de las grasas; el artículo 277 de la Ley General de Salud, prohibe la venta y suministro de tabaco a menores de edad y el artículo 38 prohibe realizar publicidad dirigida a menores de edad, sin embargo la industria tabacalera a logrado permear a la infancia a través de los “comics”, el cine y la televisión; Reiner Hanewinkel, sociólogo y psicólogo alemán, señala que Hollywood usa el tabaquismo como ambientador en escenas que denotan rebeldía, dureza y erotismo, mensajes estereotipados que son bien recibidos por los adolescentes y los estimula para adquirir el hábito de fumar.

Definitivamente la alta incidencia de sobrepeso y obesidad en México esta más allá de un pueblo que come desordenadamente y de los factores genéticos heredados. Para detener esta epidemia se requieren de hombres y mujeres que al llegar a los cargos públicos estén capacitados y tengan claridad de los principales problemas de salud que aquejan a la población y sus determinantes sociales para resolverlos, ya que desarrollar una política de bienestar social no es tarea para el político iletrado.

El Estado tiene la obligación de regular todos los alimentos nacionales e importados que se venden en nuestro país e informar del riesgo sanitario que conllevan sus ingredientes. Se debe mantener una campaña permanente de educación para la salud donde se exponga el daño que ocasiona la ingesta de comida rápida, comida chatarra, la vida sedentaria y todo lo relacionado con la morbi-mortalidad que conlleva el sobrepeso y la obesidad, para lograr la corresponsabilidad con la población.

La Constitución de los Estados Unidos Mexicanos contempla a la vida y a la salud como derechos fundamentales e inalienables, por lo que cualquier circunstancia que los violente debe ser sancionada.

Aprender a mirar la salud desde la perspectiva de los determinantes sociales es factible siempre y cuando no se tengan conflicto de intereses.

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